Uno de los problemas más frecuentes al vestirse es este: tenemos ropa, pero sentimos que “nada termina de cerrar”.

Muchas veces el error no está en la prenda, sino en el orden en el que armamos el look. Cuando dejamos el zapato para el final, suele pasar que:

  • el outfit se ve bien, pero no es cómodo

  • el zapato no acompaña el plan del día

  • sentimos que algo desentona, aunque no sepamos bien qué

Invertir el proceso puede cambiarlo todo.

Elegir el zapato primero ordena el look desde lo funcional hacia lo estético.

Nos obliga a pensar en el día que vamos a tener: cuánto vamos a caminar, a dónde vamos, cómo queremos sentirnos.

Un zapato cómodo y neutro permite armar un outfit más relajado.
Un taco o una sandalia con presencia eleva incluso el look más simple.

Además, el zapato define:

  • la postura

  • el largo visual de la pierna

  • el nivel de formalidad del conjunto

Cuando el punto de partida es correcto, el resto fluye con menos esfuerzo.

La próxima vez que sientas que “no sabés qué ponerte”, probá este cambio simple: empezá por los zapatos. No solo vas a ahorrar tiempo, vas a lograr looks más coherentes, más cómodos y más fieles a tu día real.

Vestirse mejor no siempre es sumar más opciones.
A veces, es empezar por el lugar correcto.