No todos los días tienen un evento, pero todos los días te vestís. Y, sin embargo, son justamente esos días comunes —trabajo, mandados, un café— los que más nos descolocan a la hora de elegir qué ponernos. No querés sobreproducirte, pero tampoco salir sin pensar. Con el tiempo entendí que el problema no es la falta de ropa, sino la falta de un criterio claro para lo cotidiano.
El error más común: vestirse "según el plan"
Uno de los errores más frecuentes es vestirse solo en función de lo que vas a hacer: trabajar, salir, comprar algo rápido. Cuando el plan es simple, el look también se vuelve automático. Y ahí es donde el estilo desaparece.
Mi consejo es cambiar el enfoque: no vestirte para el plan, sino para cómo querés sentirte durante el día. Cómoda, prolija, liviana, segura. Eso cambia completamente las elecciones.
Regla práctica: arma una base que funcione siempre
Para los días comunes, siempre pienso el look en capas simples:
- una base neutra: jean, pantalón sastrero, remera, camisa.
- una prenda que ordene: blazer, sweater, abrigo.
- un detalle que eleve: calzado, textura, color, accesorio.
No hace falta más. Cuando esa estructura está clara, vestirte deja de ser un problema diario y pasa a ser una decisión rápida y consciente.
Trabajo, mandados y café pueden compartir un mismo look
Otro punto clave: no necesitás un outfit distinto para cada momento del día. Un buen look cotidiano debería acompañarte sin obligarte a cambiarte.
Si una prenda solo funciona para una situación muy específica, probablemente no sea tan práctica. En cambio, cuando elegís piezas versátiles, el look se adapta: trabajás, salís, te sentás a tomar un café y seguís sintiéndote bien.
El calzado define el nivel del look:
Si hay una decisión que realmente cambia un outfit cotidiano, es el calzado. Podés usar prendas simples, pero un buen par de zapatos ordena todo el conjunto.
Es la forma más fácil de elevar un look sin esfuerzo y sin perder comodidad.
Cuando dejás de esperar “una ocasión especial”, vestirte se vuelve más fácil. No porque te importe menos, sino porque entendés qué te funciona y qué no.
El estilo cotidiano no se trata de tener más ropa, sino de tener menos dudas. Y eso se logra con criterio, no con eventos.
